Pablo Cano en la maraton de Miami

Así fue mi primera maratón en Miami

42 kilómetros y 195 metros en 4:54:51, según el tiempo oficial que marca la web de la maratón de Miami. 43 km en 4:52:46, según mi Polar M 400. El tiempo tiempo y distancia exacta son lo de menos. 732 días (2 años y 2 días) después del comienzo de esta web, el objetivo está cumplido: he acabado mi primer maratón.

La semana previa

La semana de la carrera no fue fácil. El sábado anterior, 8 días antes de la maratón, desperté con un dolor horrible en el cuello. Era una especie de punzamiento muy fuerte que me impedía mover el cuello hacia los lados y hacia arriba. ¨Se pasará¨, pensé. Ya había tenido dolores similares en otras ocasiones y creí que en pocos días las molestias remitirían. Pero el domingo todo fue a peor y amanecí absolutamente rígido. No podía comer sin apoyar la cabeza en un cojín, no podía afeitarme y era incapaz de entrenar. No podía creerlo, solo quedaba una semana para la prueba y me estaba perdiendo el último día de entrenamiento. La parte más importante de la preparación quedaba ya atrás, pero el entrenamiento y descanso en la última semana es clave para llegar en forma al día D.

El lunes, los dolores mejoraron un poco, por lo que me ajusté el atuendo de running (zapatillas, reloj para correr, camiseta, mp3…) y salí a la calle dispuesto a recuperar el tiempo perdido. Gran error. A los 150 metros estaba regresando a casa, con la cabeza encogida y la moral por los suelos. El martes, y casi esperando un milagro propio de un chamán, acudí al fisio. Natalia (así se llama la fisioterapeuta) me hizo todo tipo de terapias de recuperación: ultrasonidos, descargas eléctricas, varios tipos de masajes y calor, mucho calor en la espalda. Hay que decir que estas últimas semanas están siendo muy frías en el DF. Hablo de temperaturas mínimas de 5 o 6 grados, lo que unido que prácticamente ningún edificio cuenta con calefacción, hace que la temperatura dentro de las casas y los locales sea bastante gélida. Así pues, ahí estaba yo, en el medio de una fría habitación, con una especie de manta caliente que daba descargas eléctricas y con el único abrigo de mis calzoncillos y una fina manta cubriendo mis piernas. Así que pasó lo inevitable. Esa empecé a tener frío, a estornudar y a expulsar mocos de manera compulsiva. Estaba sucediendo, me estaba poniendo enfermo a pocos días de correr una maratón. El miércoles se confirmaron mis temores. La única buena noticia en este momento era que no tenía fiebre, solo se trababa de cansancio y congestión nasal. El  jueves me sentía con mejor cuerpo, pero la congestión empeoró. Tenía la nariz absolutamente taponada y de ninguna manera podría correr una competición de tal magnitud en esas condiciones. ¿Y el cuello? Me seguía doliendo, pero a estas alturas lo único que centraba mis preocupaciones era lograr una milagrosa recuperación en menos de 72 horas.

 Miami

El viernes a las 6 de la mañana tomamos el vuelo a Miami. ¨Seguro que con el agua del mar la congestión mejora y con el ambiente cálido de Florida el resfriado va a remitir mucho¨, pensaba mientras el vuelo de Interjet despegaba del aeropuerto internacional de México DF. Nada más lejos de la realidad. Lo que he vivido en los tres días que estado en el estado soleado es difícil de creer. El viernes, en plena época seca, nos recibió una tormenta histórica y 24 horas continuas de lluvia torrencial. El sábado, un día muy frío con temperaturas inferiores a 10 grados y el domingo, día de la maratón, el día más frío en los últimos 100 años, eso al menos decía la gente del lugar y el meteorólogo del canal de televisión, Univisión.

El día antes

El sábado nos levantamos pronto y fuimos a por el dorsal para la carrera. El número se recogía en una feria de running bastante entretenida, en la que podías informarte de otras maratones, comprarte todo tipo de prendas deportivas, probar la última barrita de proteínas del mercado e incluso hacerte un masaje de última hora. Después, dimos un breve paseo por la ciudad, comimos en un restaurante cubano y regresamos al hotel.

Ahí estaba yo a las 7 de la tarde del día previo a la maratón; sentado en la cama, enfermo y sin saber que ropa escoger para correr al día siguiente. ¿Cómo iba a correr con sudadera la maratón de Miami? Es imposible que vaya a hacer el frío que dicen, me repetía a mí mismo. Además, seguía con mocos y dolor de cuello (aunque estaba mejor de ambos). Quedaban 11 horas para el inicio de la maratón (las 6 de la mañana) y aún no tenía claro si iba a ser capaz de correrla.

El día de la maratón

A las 3 de la mañana sonó el despertador. Era noche cerrada y hacía mucho frío en la habitación -pero frío del de verdad, del que te impide sacar un pie del abrigo de la manta-. Me levanté con las pocas fuerzas que a esas horas puede tener un ser humano, me atavié con la ropa que había dejado preparada la tarde anterior (finalmente con chaqueta deportiva) y bajé al hall del hotel. Allí me encontré con otro loco de esto, un hombre de unos 40 años que también se dirigía  a la maratón. Tomé un Uber y fui al punto de encuentro. Un lugar en South Beach desde el que nos trasportaban en los típicos buses escolares hasta las inmediaciones del American Airlines Center, espacio reservado para los grandes espectáculos, como los partidos del equipo de baloncesto de la ciudad, Miami Heat (la noche anterior), un concierto de Madonna (esa misma noche) o la WWE (la noche siguiente).

En las inmediaciones del recinto todo era un kaos. El espacio reservado para guardar tus pertenencias (móvil, cartera, tiritas) estaba lejos y mal señalizado. Los corrales (sitios asignados a cada corredor en función de su tiempo estimado) también estaban mal referidos y más de uno se afanaba en encontrar a uno de los pocos ayudantes de peto amarillo que había repartidos por el lugar.

Al fin, y tras pasar más apuros de los previstos, llegué a mi corral, el G. Eran aún las 6 de la mañana y apenas sentía las piernas del frío que hacía. Unos 6 grados centígrados, pero con fuertes rachas de viento provenientes del ártico que hacían que la sensación térmica rozara los 0 grados. ¿Cero grados en Miami? Sí, lo imposible estaba pasando. El día más frío de la historia de la ciudad me había tocado a mí en el peor día posible. En este punto me preguntaba que pintaba yo allí, medio enfermo, pasando frío, con sueño y en medio de aquel gentío. Lo bueno es que –casi- nada podía ir a peor. A las 6:27 de la mañana arrancaba para mí la maratón de Miami.

Kilómetros 1-10

Los primeros kilómetros me sirvieron para entrar en calor. Estábamos cruzando el puente que dirige a Miami Beach y el sol se empezaba a dejarse ver por el horizonte. Tenía el mar a izquierda y derecha. El paisaje era impresionante. Llevábamos poca carrera, pero estaba bien, estaba disfrutando.

Se acercaba el kilómetro 10  y yo estaba expectante, ese debía ser a priori mi primer encuentro con Natalia, que tenía la complicada misión de animarme en ese km, en el 22 y en el 32. Tres puntos críticos a priori para el devenir de la carrera. Pero Natalia no estaba. La decepción fue grande, aunque la culpa no fue suya, pues pensamos que la carrera empezaba a las 7 de la mañana y habíamos hecho el horario en base a esa hora de partida.

Kilómetros 10-30

Se había cumplido ya el primer cuarto de la maratón y las sensaciones estaban siendo buenas. En este punto me preocupaban tres cosas: mi ingente producción de mucosa, el roce de los muslos y las ganas de hacer pis. Las dos últimas pude solucionarlas rápidamente gracias a los WC y los puestos de asistencia médica repartidos por la carrera, aunque la primera preocupación me acompañaría durante los 30 kilómetros restantes. La carrera continuaba y yo estaba manteniendo un ritmo aceptable, en torno a 6,20” min-km.

A partir del kilómetro 20 el paisaje se volvió gris y feo, estábamos atravesando los suburbios de Miami, una zona triste y llena de personas sin hogar. Esta vez el punto de referencia era la milla 14 (km 22). Si Natalia me veía significaba que había decidido completar la maratón entera, si no lo hacía era señal de que algo había salido mal y estaba corriendo la media maratón, o lo que es peor, me había retirado. Pero pasó la milla 14 y  ella tampoco estaba. A partir de aquí me mentalicé de que ya no la vería y que el ánimo que necesitaba debía tomarlo del resto de público que se congregaba a las orillas del recorrido.  Yo me seguía encontrando bien y estábamos empezando a correr por una zona mucho más vistosa, entre mansiones y jardines, por algún tipo de urbanización de lujo.

Kilómetro +30

A partir del kilómetro 27 empecé a bajar el ritmo y a partir del 30 el bajón se hizo más pronunciado. Me seguía encontrado a gusto, pero mis piernas empezaban a flaquear y comenzaba a tener hambre, aunque me daba respeto comer en plena prueba por miedo a necesitar una parada de emergencia “extra”. Pasado el kilómetro 32 llegó lo peor: mi rodilla izquierda se desactivó. Fue una sensación muy extraña, como si al dar mi próxima zancada la pierna se me fuera a partir en dos. Aquí ya solo quedaban dos opciones: seguir corriendo o parar para siempre. Sabía que si me paraba a estirar o algo similar, no volvería a arrancar nunca. Y en el kilómetro 35 llegó lo inesperado: apareció Natalia. La vi desde lejos, con su sudadera roja y corriendo en mi dirección. No podía creerlo. Con ayuda de unos mexicanos había conseguido avanzar hasta ese punto y había confiado durante los últimos 40 minutos en que yo no me había retirado y pasaría por allí en algún momento. Pude hablar bien con ella y hacer gestos a la cámara de fotos que llevaba. Era una buena señal. Al menos a nivel cardiovascular me encontraba perfectamente, aunque la rodilla izquierda iba a peor. En el km 35 decidí que había llegado el momento de comer algo, confiando en que unos cuantos nutrientes me ayudaran en los casi 7 kilómetros que aún me separaban de la meta. Opté por una de esas barritas con almendras y miel, que no me ayudó demasiado, pero, al menos, no me sentó mal. La barrita la combiné con agua y gatorade, como venía haciendo durante los kilómetros anteriores. En este momento mi cabeza me decía que tenía que parar, que no debía dar un paso más, pero estando tan cerca de conseguirlo ya no podía desistir.

 

Mapa de la maratón de Miami 2016

Mapa de la maratón de Miami

El tramo del kilómetro 36 al 40 fue sin duda lo más duro de la maratón. No podía casi levantar las piernas del suelo y el dolor de la rodilla se hacía insoportable. En este momento estaba haciendo tiempos de más de 7:35 el kilómetro, lo que tiró por los suelos mi media. En mi mente pensaba que a ese ritmo aún me quedaban casi 50 minutos corriendo. ¡Era una eternidad! Es sorprendente como a partir del kilómetro 32 dejas de prestar atención al paisaje y la ayuda de la gente se va haciendo más y más importante. En el km 37 tuve otra vez el apoyo de Natalia y en el 40 recuperé el ánimo perdido. No las fuerzas, ni las buenas sensaciones, pero si el ánimo, y en este punto la batalla mental es lo más importante. Los últimos kilómetros fueron una escabechina. Algunos corredores me adelantaban y yo adelantaba a muchos otros que habían sucumbido e iban a acabar la maratón andando.

Cuando atraviesas el punto del kilómetro 40 ya sabes que vas  acabar y empiezas a imaginarte cruzando la línea de meta. “Última milla”, “lo vas a hacer”, “it´s almost done”  vociferaban desde el público. Cuando quedaba sólo 1 kilómetro ahí estaba Natalia de nuevo para darme el último empujón. Ya sólo quedaba girar a la izquierda y cruzar la meta. Estaba hecho, había acabado mi primera maratón: la maratón de Miami 2016.

Datos de la maratón:

• 24 de enero de 2016 (día 732)
• KM: 43
• TIEMPO: 4:52:46
• VELOCIDAD MEDIA: 06:48 min/km
• LUGAR: Miami

Después

La sensación cuando acabas es impresionante. Sientes que acabas de hacer algo grande, algo que un porcentaje muy pequeño de la población consigue. Te duele todo el cuerpo, pero da igual. Estás feliz, extasiado, con los niveles de serotonina disparados. Miras la medalla que acaban de colgarte en el cuello. Lo has conseguido. En los días siguientes no paras de pensar en la carrera. La analizas con la mente. Recuerdas momentos, instantes, caras, paisajes,… disfrutas de lo conseguido.

Lesiones

Nada más acabar la carrera apenas podía andar. No podía doblar las rodillas, por lo que mi manera de caminar era bastante cómica. El dolor me duró hasta el jueves, cuando empecé a andar más o menos con normalidad. Aparte de las agujetas y el dolor de rodillas (sobre todo la izquierda),  la recuperación ha sido bastante satisfactoria.

Agradecimientos

Agradecer a todos los que me han apoyado en esta aventura. A Jorge por meterme en el mundo del running. A Gonzalo y Manu por motivarme a correr más y mejor que ellos. A mi padre por los consejos previos a la prueba. A mi madre por su confianza. A Fabio por correr conmigo aquella media maratón, en la que empezó la idea de hacer algún día la carrera completa.  Y sobre todo a Natalia, por su apoyo y por todo lo que ha aguantado en Miami.

A partir de ahora voy a estar algún tiempo sin correr, pero seguiré subiendo artículos sobre el mundo del running. Próximo objetivo: Maratón de Madrid 2017.

“Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito”

 



'Así fue mi primera maratón en Miami' have 2 comments

  1. 02/02/2016 @ 12:26 am Jalo

    Enhorabuena. Mucha envidia.
    Animo!!

    Reply

  2. 30/03/2016 @ 4:46 am Xóchitl Parra

    Gracias por compartir tu experiencia, de alguna forma viví algo similar con mi primer Maratón, yo elegí el del Pacífico en Mazatlán y un día previo al evento hubo huracán, mucha humedad y calor me acompañaron durante los 42 km. y en mi mente nunca estuvo detenerme, mis hijos estaban esperándome, mis amigos y a falta de una buena organización mi esposo tuvo que acompañarme en bici para poder hidratarme ya que después del km 25 ya no había nada, solo la meta.
    Felicidades por completar tu reto!

    Reply


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