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7 consejos para volver al gimnasio y evitar la pereza

por Pablo C. Gallardo

Vacaciones, comidas, cumpleaños, estrés, trabajo, vaguería… las razones para dejar de entrenar e ir al gimnasio son múltiples… pero por desgracia volver al gym no siempre resulta fácil y son muchos los que acaban pagando la cuota para desistir a los pocos días.

Si estás convencido o convencida y estás pensando en volver al gimnasio para recuperar la forma y bajar esos desagradables kilitos de más te damos estos consejos para que la vuelta no se haga tan dura.

Busca un cómplice

Uno de los trucos más sencillos para estimularnos radica en encontrar a una persona, amigo, pareja o familiar que, o bien ya acuda al gimnasio de forma regular, o que esté deseando empezar a hacerlo. Lo ideal será que nuestros horarios sean compatibles y que podamos quedar para ejercitarnos juntos. De esta manera será más sencillo instaurar una rutina y acudir regularmente.

Y si ambos gozamos de unas características físicas similares, resultará muy motivador observar cómo se plasman los progresos en cada cuerpo. Incluso podemos marcarnos objetivos similares y retarnos para incrementar la competitividad. Algunas modalidades como la zumba, el spinning y otras clases colectivas también son más amenas si gozamos de la compañía de una cara conocida.

Además, debes saber que hacer ejercicio acompañado favorece los vínculos afectivos entre ambos individuos, genera sentimientos de superación y esfuerzo conjunto, y crea una sensación de equipo y amistad inigualables. Se trata de momentos compartidos y, en definitiva, de una estupenda manera de pasar un buen rato, asociando todos esos estímulos positivos a la actividad física.

Un plan de entrenamiento a tu medida

También será fundamental que cuentes con un plan de entrenamiento a tu medida, es decir, que se adapte a tu nivel, condiciones físicas, punto de partida, y a los objetivos que quieres lograr. Para conseguir el apropiado necesitarás contar con la ayuda de un profesional cualificado. Habitualmente los gimnasios ofrecen este servicio, e incluso nos brindan la posibilidad de contratar un entrenador personal durante un periodo de tiempo limitado (suele rondar la hora).

Además, este plan tendrá que valorar nuestra capacidad, el tiempo y número de sesiones que queremos acudir al gimnasio, si es la primera vez que lo hacemos, el tipo de lesiones que hemos padecido, si contamos con alguna molestia, e incluso si estamos yendo para favorecer o complementar otra disciplina. Por ejemplo, en el caso de la escalada, el press de banca va estupendamente para fortalecer los pectorales y ganar fuerza.

Encuentra el momento ideal

El momento del día en el que decidas acudir al gimnasio también será básico para mantener el hábito. Habrá gente que prefiera -o pueda- entrenar por la mañana y otra que preferirá por la tarde. Intenta que siempre sea a la misma hora y los mismos días de la semana, algo rutinario que te ayudará a acudir. Y evita desplazar otros quehaceres a su franja, debe ser sagrada. Recuerda que cuidar de tu salud no debería ser algo que tienes que relegar a un segundo plano, sino un asunto primordial.

Por fortuna, la mayoría de centros cuentan con unos horarios de apertura muy flexibles, incluso el fin de semana. Una buena solución es acudir antes de ir a trabajar. Además, hacerlo acelerará el metabolismo y te ayudará a despejarte.

Otro tema importante es el de saber lidiar con ese pensamiento negativo dentro de tu cabeza que trata de que no acudas al gimnasio.

Diviértete

Una de las grandes ventajas que nos ofrecen los gimnasios frente a otros modos de hacer deporte es que, en un mismo espacio, cuentan con opciones para todos los gustos y preferencias. Tal es así, que incluso encontramos varios perfiles de gente en este tipo de instalaciones, desde los que adoran “machacarse” con las pesas, los que optan por darlo todo en la bicicleta elíptica o los que prefieren las clases guiadas.

En todo caso, lo fundamental será que encontremos aquella que más nos guste. Es decir, es más que probable que una persona que adore las clases colectivas se aburra tremendamente en la sala, y todo lo contrario. Todo dependerá de nuestra propia personalidad, de nuestra capacidad de autoestimularnos, sentido del ridículo, sociabilidad y un largo etcétera que ya puedes imaginarte. Pero te lo tienes que pasar bien.

Haz de la música tu gran aliada

Un truco muy sencillo que puedes poner en marcha si acabas de volver al gimnasio y prefieres la actividad cardiovascular en la sala, es hacerla acompañado de música. Elige una que te guste y que te haga sentir ganas de bailar, los expertos afirman que son muchos los atletas que incrementan su resistencia cuando se calzan las zapatillas al ritmo de la música. Además, nos ayudará a mantener el ritmo y favorecerá la coordinación.

Incluso puedes decantarte por otro tipo de contenidos si no encuentras la motivación necesaria. Aquí nos estamos refiriendo a usar plataformas como Netflix y similares para disfrutar de tu serie favorita mientras haces ejercicio. Ahora bien, únicamente resulta recomendable al principio y siempre y cuando conozcas a la perfección la máquina y cómo debe ser el movimiento subido a ella.

Infórmate

Otra manera de motivarte para acudir al gimnasio es informarte acerca de los beneficios de la actividad física por la que acabes decantándote. La visualización de vídeos específicos en YouTube, de clases de danza y otros que a priori te llamen la atención pueden ser muy reveladores.

Y si eres de los que únicamente funciona bajo amenazas y estímulos negativos, nada como darse un garbeo por la web en busca de las consecuencias del sedentarismo. Una simple búsqueda en un buscador generalista bastará para tomar consciencia de la importancia del ejercicio físico.

Presta atención a tus sensaciones

Para acabar, nada como prestar atención a tus sensaciones para mantenerte firme en tu propósito de ir al gimnasio. Y es que seguro que has notado que cuando practicas algún deporte te sientes mejor, tanto física como anímicamente. Los beneficios a la hora de conciliar el sueño también son notables.

La segregación de endorfinas –conocidas como las hormonas de la felicidad– tiene mucho que ver con estas percepciones. Por no hablar de los beneficios a corto y medio plazo sobre nuestra agilidad, espectro de movimientos y demás, sobre todo en las personas más mayores.

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