Home Running «Corriendo han transcurrido los mejores momentos de mi vida», por Antonio Caño

«Corriendo han transcurrido los mejores momentos de mi vida», por Antonio Caño

por Antonio Caño
Maratón de Nueva York

Sobre el autor. Antonio Caño lleva toda una vida dedicada al periodismo y media vida dedicada al running. Ha sido ex director del periódico EL PAÍS y tiene en su haber 10 maratones completadas, la mejor con un tiempo de 3 horas y 23 minutos, nada menos que en Nueva York.

Mis días como corredor de maratón ya quedaron atrás. El tiempo impone su ley implacable y el cuerpo marca unos límite que conviene respetar por nuestra propia salud. Aún algunas personas de mi entorno me animan a volver al asfalto, a intentar al menos un maratón más, el último. Pero no. Vislumbrado ya en el horizonte los 63 años es más prudente atender a mi espalda que a mis amigos. Sé que éstos me animan con buena intención, pero mi espalda tiene mejores razones para decirme que ya basta.

Todavía sigo corriendo cinco kilómetros una o dos veces por semana y suelo acabar cada día con un promedio de 10 kilómetros caminados. Pero correr un maratón es otra cosa, exige otra clase de preparación y otro tipo de esfuerzo para el que, en este momento, no me siento preparado. Ya sé que personas mucho mayores –algunos que han sobrepasado ampliamente los 70- han participado y participan frecuentemente en distintos maratones alrededor del mundo. Los admiro y los envidio. Pero, en mi caso, he optado en los últimos años por deportes más suaves.

Sigo siendo, no obstante, un maratoniano –o como se diga, que nunca he estado seguro de cuál es el adjetivo adecuado-, un maratoniano de vocación y de espíritu. Sigo pensando como un maratoniano y aún tengo mi armario lleno de zapatillas y ropa de atleta. Me gusta su olor, me gusta lo que significa, me gusta ese mundo, el esfuerzo que representa, la superación, la soledad, todo el romanticismo que durante siglos ha rodeado al corredor de fondo.

He corrido diez maratones. Empecé tarde. El primero fue en Madrid hace más de 30 años, el último en Washington hace 12. Mi mejor tiempo lo conseguí en Nueva York, hace 20 años: 3 horas, 23 minutos. No recuerdo los segundos. Mi última marca fue de 4 horas con algunos segundos. Tampoco recuerdo exactamente cuantos.

«Hubo momentos duros, días lluviosos, mañanas frías. Pero la mayor parte fueron muy placenteros»

En medio hubo, como cualquier corredor sabe, horas y horas de carrera, kilómetros y kilómetros de carretera. Hubo, por supuesto, momentos duros, días lluviosos, mañanas frías. Pero la mayor parte fueron muy placenteros. Nunca corrí por moda o por adelgazar y cosas así. Ni siquiera por estar en forma. Nunca fue un sufrimiento correr. Todo lo contrario, siempre corrí por el gusto de hacerlo. Corriendo han transcurrido algunos de los mejores momentos de mi vida, los más plácidos, los más auténticos, quizá los más felices.

Aquí, que estamos entre amigos, entre corredores, he de confesar que, de todos los errores que cometí en mis años como director de EL PAÍS, que serían algunos, digo yo, el mayor de todos fue el de no haber encontrado un tiempo para preparar y correr un maratón. Piensa uno que, en esas circunstancias, no se puede perder el tiempo en correr, en entrenar para una carrera en la que, con suerte, terminarás entre uno más del montón. ¡Qué error! El tiempo que se dedica a correr, no solo no se pierde, sino que es una gran inversión. Probablemente, una inversión en bienestar físico, pero con toda seguridad –y este era mi principal estímulo-, correr es una gran inversión en salud mental. Algunas de mis mejores ideas surgieron mientras corría, que era también el rato en que con más serenidad era capaz de poner en orden mi vida. Nunca me he sentido más en paz conmigo mismo que al final de un largo y duro entrenamiento.

«Algunas de mis mejores ideas surgieron mientras corría»

Algo de esa emoción debió ser contagiosa en mi entorno. Me hace muy feliz que una de las víctimas del virus sea mi hijo, quien tiene desde luego mejores cualidades y más fuerza de voluntad. Y menos años. Eso es otra de sus ventajas. Hemos corrido juntos a veces y, ¡quién sabe¡, estoy hablando mucho en pasado y quizá me arrepienta y me anime a correr un maratón con él.

Esta es una afición de las que te hace diferente, de las que moldea tu carácter y, habitualmente, te convierte en mejor persona. ¡Respaldemos y cuidemos esa afición!

Hasta pronto. Voy a dar un par de vueltas antes de anochezca.

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