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La fortaleza mental y la estrategia marcan la diferencia

por Eduard Guerrero
Motivación y running

Pese a que no sea un músculo, entrenar el cerebro es un aspecto fundamental para un deportista. La fortaleza mental de un atleta va a resultar tan determinante durante una competición como su estado físico, por lo que encontrar ese anhelado equilibrio entre ambas cuestiones va a marcar sin duda los objetivos que pueda alcanzar.

Una prueba deportiva como el maratón inevitablemente va a llevar al atleta hasta su límite físico, por lo que llegar al final pasa por estar realmente fuerte en el plano mental, tanto durante la competición como en la preparación previa. No es extraño que en el deporte moderno se haga tanto hincapié sobre la trascendencia de trazar un plan específico de entrenamiento en este aspecto.

Es cierto que según qué atleta o disciplina se puede entrenar o potenciar la concentración con métodos o rutinas de lo más dispares. El ex nadador Michael Phelps (con 23 medallas de oro olímpicas) popularizó un hábito extendido entre muchos deportistas como el de entrenar y mejorar su concentración a través de un juego de estrategia como el póker. Hasta tal punto se lo tomó en serio el estadounidense que llegó a participar en un multitudinario torneo del prestigio de la PCA de Bahamas en el que PokerStars reúne a los mejores profesionales del mundo con premios de millones de dólares. Totalmente distinto a este “método” se sitúa otro campeonísimo como Rafa Nadal, que utiliza sus tics y su singular costumbre de colocar sus bebidas como parte de su concentración, y que tan buenos resultados le siguen dando.

Necesidad de un plan para mantener nuestra motivación

Al margen de otras cuestiones como puedan ser la elección de un oportuno calendario de pruebas o llevar a cabo esa nutrición adecuada tan importante en cualquier deporte, la preparación de estas carreras de larga distancia se ciñe básicamente a diseñar una óptima estrategia de entrenamientos. Aquí es donde cobra más importancia esa fortaleza mental que nos permita exprimirnos y llevar a un tono más alto nuestro estado físico.

La preparación para pruebas de tanta exigencia pone en jaque una y otra vez nuestra motivación y debemos de estar listos para superar ese escollo. Esto resulta más que evidente cuando incluso el maratonista más rápido del planeta, Eliud Kipchoge, nos remite una y otra vez a la disciplina y el mejor plan durante la preparación como su gran secreto para triunfar, y ya vemos lo que ha conseguido. Sin duda la mente es parte fundamental de este plan.


Ya por defecto nuestro cerebro siempre busca nuestro bienestar, lo que choca con el esfuerzo y sufrimiento que hemos de afrontar para poner a punto nuestro cuerpo. Esto deriva en esa búsqueda de excusas que todos hemos experimentado y que nos invitan a terminar con nuestro malestar. Las justificaciones del tipo, se me ha hecho tarde, hoy hace demasiado calor, seguro que mañana me siento con más ánimo para esto, etcétera, derivan en una pérdida de forma y motivación a partes iguales.

La planificación de este importante matiz en nuestra preparación va a ser determinante y pasa por definir previamente algunas directrices como puede ser la de marcarse un objetivo real y dentro de nuestras posibilidades. Es más fácil mantenerse motivado y entrenar duro para una meta que esté a nuestro alcance.

Elegir un escenario de entrenamiento adecuado a nuestras condiciones será fundamental para no topar con aquellas sorpresas que a menudo nos llevan a suspender nuestra rutina, y que por otro lado nos permitirá anticiparnos a las dificultades que ya de por sí aparecen regularmente.
Llevar un buen registro de resultados es también importante a la hora de la motivación, comprobando de este modo que el entrenamiento funciona, o bien aportando datos que indiquen qué cosas se pueden modificar para mejorar la progresión.

Además, es conveniente poner en valor el trabajo y el esfuerzo realizados en busca de las metas o marcas que se van alcanzando. Analizar los detalles que se van incorporando y el resultado que aportan para así elegir el modelo a seguir. En cuanto a los errores que inevitablemente vamos a cometer, trataremos de darle importancia solo en su justa medida y aceptar que son parte del proceso para mejorar.
Si a todo esto le sabemos añadir esa adecuada dosis de placer que aporta el hacer algo que nos gusta, estaremos en el buen camino para lograr nuestros objetivos.

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